domingo, 14 de julio de 2013

La importancia de la gestión del conocimiento


En la agenda de la dirección de cualquier compañía debe figurar la gestión del conocimiento, por cuanto el capital intelectual que poseen es el ingrediente que diferencia al éxito del fracaso.

En consecuencia, la clave reside en mejorar el acceso al conocimiento, algo que implica, para las empresas, identificarlo, almacenarlo, difundirlo y compartirlo.

El planteo inicial tiene que incluir los siguientes interrogantes:¿por qué gestionar el conocimiento?, ¿con qué fin?, ¿qué hacer con el conocimiento?, ¿cómo llevarlo al mercado?

Según Peter Drucker, el trabajador del conocimiento pregunta: "¿Cuál es la tarea? ¿Cómo obtengo el conocimiento para hacerla?".

En realidad, la verdadera gestión del conocimiento no tiene que ver con recoger información, sino con lograr la conexión entre personas.

No sólo entre quienes poseen el conocimiento tácito y lo difunden, para hacerlo explicito, sino también con quienes formulan interrogantes.

Por lo tanto, es claro que la gestión del conocimiento no es sólo una aplicación informática, sino un conjunto de actividades en las que participan el software, el hardware y, sobre todo, personas reunidas en torno de una mesa, compartiendo una jarra de café e intercambiando lo que saben.

La gestión del conocimiento (KM) se trata de un proceso ideal para maximizar el potencial de los recursos de conocimiento con los que cuenta una organización.

La meta es hacer que todo conocimiento valioso esté a disposición de quienes integran la empresa, sin excepciones.

El hecho de que haya mucha información es una de las razones que explica la importancia del KM. Al haber demasiada información, ya sea tácita o explícita, no se sabe cuál es la que importa. Por lo tanto, hay que analizar el contenido, y evaluar qué categorías son importantes para quién, por qué, y qué se obtiene de esa información.

Eso permite establecer prioridades y, en consecuencia, desarrollar planes para obtener el conocimiento que se necesita, y aprovecharlo eficazmente.

El pasar de lo que "sólo existe en la cabeza de una persona", a algo que pueda ser compartido por toda la organización, está ligado a la cultura de la empresa.

De vuelta, hay que preguntarse si la cultura inhibe la posibilidad de compartir el conocimiento porque existen muchas jerarquías, o una cadena de comando y control, o porque la gente cree que el conocimiento es sinónimo de poder y quiere atesorarlo.

Luego, para manejar la transición debe existir un proceso: una forma de reunir el conocimiento, analizar el valor que tiene, codificarlo, almacenarlo y encontrar la manera de acceder a él. Por lo tanto, se necesita un sistema que sea capaz de brindar información a todos.

En lugar de limitarse a administrar la información, la gestión del conocimiento le agrega valor al filtrarla, sintetizarla y resumirla, ayuda a que las personas consigan la clase de información que necesitan para pasar a la acción.

Más allá de cuestiones semánticas, un buen número de empresas han encarado el tema con actitud pragmática, porque consideran de suma importancia crear un ambiente de aprendizaje interactivo, en el que las personas compartan lo que saben y generen más conocimiento.

Pero, de nuevo, varios obstáculos -culturales y de comportamiento, por ejemplo- se interponen en el camino. Entre ellos, la tendencia humana a atesorar el conocimiento tal vez sea el más difícil de superar, a menos que la alta gerencia se comprometa a generar un ambiente que favorezca y premie la práctica de intercambiar experiencias.

En este sentido, la tecnología puede hacer una excelente contribución, pero se equivocan los que piensan que basta con ella para una gestión del conocimiento eficaz.


Para más información realizar nuestro curso “Como gerenciar el conocimiento en la empresa”.


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